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Ponle distancia al resentimiento

En algunas sesiones con mis clientes suelo utilizar a modo de ejemplo expresiones bastante gráficas del tipo “Experimentar el resentimiento es igual que tomar veneno y esperar que le haga efecto al otro” o también “Cuando vives resentido/a por la conducta de alguien, tú sufres. Mientras, esa persona está de vacaciones”. Y estoy convencida de que tienen un efecto más potente que un millón de definiciones.

El resentimiento empieza a germinar con la decepción, esa sensación que aparece cuando tras el comportamiento inesperado de alguien nos sentimos defraudados. Ojo, esto puede suceder tanto en el ámbito personal como profesional. En un primer momento surge la tristeza que rápido se acompaña de ira o al contrario, dependiendo de la interpretación dada al hecho. Si a estas emociones primarias les añadimos pensamientos negativos sobre intencionalidad, gravedad o importancia y las mantenemos así en el tiempo, aumentaremos también su intensidad llegando a sentir odio —el cual nos alejará de esa persona rompiendo cualquier tipo de comunicación— y rencor que nos desgastará emocionalmente esperando la reparación del daño. Entonces, tendremos la receta perfecta para encadenarnos a este doloroso sentimiento. ¡Lo peor es avistar la posibilidad de perder una relación sin que la otra parte ni siquiera sepa el motivo!

¿Cómo podemos evitar esto?

Lo más conveniente en un primer momento es establecer distancia con lo ocurrido, esto ampliará nuestra la perspectiva; deja tiempo y espacio a tus emociones para que reduzcan su intensidad. Después, analiza si la actuación de la persona en cuestión puede ser explicada de una forma alternativa a la que en un principio considerabas irrebatible; por ejemplo, baraja la posibilidad de que pudiese tener un mal día, estuviese pasando por una época complicada, cometió un error o quizás no actuó tal y cómo tú lo harías. En último lugar, es importante tener en cuenta la tendencia a construir una imagen de los demás (a veces también de nosotros/as mismos/as, pero eso lo trataremos en otro artículo) que no suele coincidir con su identidad real ya que solemos a crearla sin tener en cuenta posibles carencias, las cuales sin duda tenemos todos/as. En el momento en que entendemos que somos seres dónde conviven fortalezas y debilidades, que tenemos el derecho a fallar, a equivocarnos y a rectificar o a actuar de modo distinto a cómo otras personas esperan, empezaremos a comprendernos mejor mutuamente.

La importancia de la aceptación y el perdón

Sin lugar a dudas la aceptación del otro es una de las claves que nos ayudan a romper la espiral del resentimiento. Re-conocerlo con sus virtudes y sus defectos nos permitirá acercarnos a su imagen real. Asumir que todos poseemos una historia previa, un entorno familiar y cultural en el que hemos crecido, unas creencias, una serie de experiencias que nos condicionan en cierta medida a comportarnos de un determinada manera… Situarnos aquí nos dará la oportunidad de ver al ser humano que actúa de la mejor forma que sabe aunque le quede, como a nosotros, mucho por aprender; aceptar su humanidad nos facilitará el camino hacia el perdón y la serenidad.

Saber perdonar no solo revela un gran coraje sino la madurez suficiente para aprovechar el presente sin cargas, abrir las puertas a una comunicación diferente dirigida a reforzar las relaciones o, llegado el caso, a alejarse en paz de ellas. En cualquier caso y aunque en ocasiones resulte muy difícil, perdonar es la cura del corazón resentido así como la llave de su libertad, gracias a la cual será capaz de soltar los grilletes y distanciarse del sentimiento que le condenaba a vivir anclado en un tiempo pasado.

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