Skip links

Gestión emocional, equilibrio y cambio

A estas alturas ya sabemos que el cambio es la constante. Sin embargo, lo que quizás nos cuesta un poco más comprender es lo que sucede con nuestras emociones a la hora de afrontarlo. Por eso, para empezar a entrenar tu equilibrio en momentos de cambio, hoy te propongo estas 5 claves:

#Clave 1: Observar. En el modelo de las cuatro ramas de la Inteligencia Emocional de Mayer y Salovey (1997), la primera de las habilidades descritas es la percepción. Esta destreza implica la atención, identificación y descifrado preciso de las sensaciones fisiológicas y cognitivas asociadas a cada emoción. El saber expresar y detectar emociones en el rostro, movimientos y tono de voz, así como, la capacidad para determinar la sinceridad de las emociones expresadas por otros (Fernández- Berrocal & Extremera, 2015).

#Clave 2: Identificar tus necesidades y resistencias. Cuando una necesidad importante para nosotros no está cubierta, nuestro cuerpo nos lo comunica a través de las emociones. Por ello, es tan importante identificarlas y ponernos en marcha para cubrirlas. ¿Y qué pasa con las resistencias? Si sientes que postergas continuamente o te autoboicoteas una y otra vez cuando tratas de afrontar alguna situación que te incomoda, tal vez necesites pararte y reflexionar sobre la emoción que te está frenando.

#Clave 3: Aceptar. En cualquier situación de cambio habrá variables que dependan de nosotros/as y otras que no. En aquellas que están bajo nuestra responsabilidad, podremos influir o actuar; sobre las demás, la actitud más inteligente es trabajar la aceptación.

#Clave 4: Tomar distancia. Para poder regular las emociones y responder en lugar de reaccionar, es imprescindible dejar un espacio que nos permita percibir, sentir, experimentar y elegir la conducta que queremos expresar. De lo contrario, lo más probable es que en lugar de tener una emoción, ésta nos domine e impida que seamos dueños de nuestras acciones.

#Clave 5: Resignificar. Sí, podemos replantearnos el significado que damos a lo que percibimos. Por ejemplo, imagina que estás hablando en público y alguien de la primera fila bosteza. Opción 1: Puedes pensar que le estás aburriendo. Opción 2: Puedes entender que ha pasado una mala noche. Ponte en situación, ¿cómo será tu exposición si te quedas con la primera opción? ¿Y si piensas que es la segunda? Si no cuentas con información suficiente para decantarte por una u otra, ¿qué tal si actúas desde la que te impulsa a dar lo mejor de ti?

♥Si estás atravesando un momento de cambio y quieres aprender a gestionar mejor lo que sientes, en el taller trabajamos estas claves de forma práctica y aplicada a tu situación real♥

Consulta fechas aquí

Dejar un comentario