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A través de sus ojos

Sabemos que el sentido de la vista nos permite percibir todo aquello que nos rodea y está muy desarrollado en los seres humanos. Captar, identificar y reconocer un paisaje, un rostro o una situación, nos resulta muy útil para recoger información, interpretarla y valorar si nos resulta agradable o —si por el contrario— estamos frente a un potencial peligro. Además, metafóricamente, los ojos son la ventana que da acceso a lo más profundo de nosotros; el espejo del alma, que diría el refrán.

Es curioso, que a pesar de la importancia que tiene la mirada para conectarnos al mundo y al resto de personas, muchas veces pasamos por alto su inestimable valor en nuestras relaciones y de pronto nos encontramos inmersos en conflictos que, a veces, hacen que la vida nos parezca un verdadero infierno. Y es que no solo es imprescindible mirarnos para comunicarnos cara a cara; aprender a ver desde los ojos del otro es una de las claves para comprendernos. Y de eso trata la empatía.

Los conflictos son inherentes a las relaciones humanas debido a las propias diferencias individuales y experiencias que vivimos. Lo sorprendente es que no siempre surgen de problemas reales. En ocasiones son fruto de malentendidos, información errónea, inexacta, creencias, prejuicios… A veces, son simples desacuerdos en la percepción sobre un asunto concreto. Es más, estoy convencida de que habrás experimentado situaciones con un alto grado de tensión emocional, en las que al final has descubierto que los intereses de la persona con la que mantenías el conflicto no afectaban a tus propios intereses, que se trataba de una estéril lucha por llevar la razón o que en realidad no existía tal dilema ya que ambos podíais estar en lo cierto, desde vuestra perspectiva. Sin embargo, podemos seguir discutiendo hasta perder de vista lo importante. ¿Y cuál es la causa de esta “ceguera”? Es posible que no exista una única causa, de hecho, destacaría tres puntos ciegos que suelen enturbiar las relaciones. En primer lugar, un bajo nivel de autoconocimiento y autogestión emocional que nos conduce a reaccionar ante los acontecimientos sin dejar espacio para la reflexión consciente. En segundo lugar, falta de destreza en apertura mental para contemplar diferentes puntos de vista válidos, aceptando que nuestra opinión y las de otros, no son más que eso; distintas y subjetivas visiones de una misma realidad. Y por último, la práctica habitual de un estilo de comunicación no asertiva, dónde los derechos de alguna de las partes se sienten vulnerados.

Dicho esto, si deseamos manejar de forma más adecuada la conflictividad en nuestras interacciones con otras personas, se hace imprescindible mejorar la capacidad empática que nos habilita para escuchar con profundidad y comprender el mundo emocional del otro tratando de observar desde su enfoque (desde sus valores, aprendizajes, hábitos, cultura), evitando las barreras y los juicios de valor. En definitiva, si aspiramos a conseguir unas relaciones sanas en las que las diferencias nos sirvan para reconocernos como distintos pero no por ello distantes; unas relaciones dónde enriquecernos buscando el punto de encuentro, y unas relaciones que nos sirvan para acercarnos a una visión más completa de la realidad,  será preciso aprender a construirlas desde el respeto mutuo, desplegando una actitud de escucha abierta y una atenta mirada de aprendiz.

¿Cómo lo ves?

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