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El error de no equivocarse

Son muchas las personas que he conocido tanto en acciones formativas como en sesiones individuales de Coaching que se encontraban estancadas en su desarrollo personal o profesional debido a una gran falta de confianza en ellas mismas, en sus decisiones y en sus acciones. En numerosos casos, esta “parálisis” era provocada por un miedo atroz a equivocarse, a las repercusiones de no tomar la opción más ventajosa, a fallar y a sentirse triste, enfadada o frustrada. También a la opinión que otros pudiesen tener sobre la idoneidad o no de su elección. En definitiva, temor a tener que afrontar emociones y sentimientos que nos generan sensaciones poco agradables. Si te fijas, se trata de un miedo futuro a sufrir por algo de lo que ni siquiera tenemos la certeza de que ocurrirá, ni si finalmente ocurrirá tal como imaginamos. Y lo más incapacitante, es cuando esto no solo ocurre ante decisiones vitales (cambio de trabajo, rupturas de relaciones, elección de carrera profesional, emprendimiento…) sino que se produce ante elecciones del día a día (tomar la iniciativa en una conversación pendiente, reservar lugar de vacaciones, iniciar un curso formativo, aceptar una propuesta de reto…por ejemplo, a hablar en público).

Sin lugar a dudas, aún nos encontramos en una sociedad dónde el error se penaliza, en lugar de considerarlo como lo que es: parte del proceso de aprendizaje. Y por supuesto una muestra de que estamos tratando de avanzar, de crecer, de superarnos…porqué está claro que el que no hace nada, no se equivoca. Tampoco prospera. Por ello es tan importante comenzar desde lo individual a desmitificar el error, empezando por percibirlo de una forma diferente, como una oportunidad. Una oportunidad para experimentar, para ponerte a prueba, para innovar, para descubrir otros caminos, para aclarar desde la honestidad lo que queremos y lo que no e implementar entonces las correspondientes medidas que corrijan la desviación. En definitiva, una oportunidad para actuar ejerciendo tu responsabilidad.

Te propongo un pequeño ejercicio: Toma lápiz y papel y piensa en una situación pasada en la cual consideras que cometiste un error. ¿Qué ocurrió? ¿Con la perspectiva del tiempo, crees que realmente fue tan grave?, ¿qué fue lo que aprendiste?, ¿te ha servido en alguna otra ocasión? Ahora, imagina una circunstancia que actualmente requiera que decidas tomar una acción, ¿qué te impide hacerlo? Averigua dónde estás situando el foco… si lo pones en lo que vas a perder, el miedo te dejará en punto muerto. Si lo pones en lo que puedes ganar, te darás cuenta de que incluso si cometes un error, no solo vencerás un límite y aumentarás tu sabiduría personal, sino que  ganarás autoconfianza porque incluso en caso de no lograr el resultado esperado, generarás nuevos recursos de afrontamiento y habrás trabajado responsablemente tu libertad de acción. Y eso amigo… no tiene precio.

Tú decides.

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